Hace siete meses la empresa Cofares comenzó a sospechar que en su almacén de Aldaia se estaba produciendo hurtos de medicamentos, tras la denuncia a la Policía comenzaron las investigaciones.
Se colocaron cámaras y micrófonos ocultos en el almacén, a la vez que policía y detectives privados se infiltraban en la empresa como empleados con el fin de descubrir a los sospechosos y obtener pruebas de los hurtos.